viernes, 27 de junio de 2014

Per Filippo V


¿Que por qué te elegí? Buen... Debo empezar con que lo mio no fue una elección, yo no lo elegí. Pero lo que pude decidir fue si bajar los brazos en una primera instancia, o entregarte mi corazón por más que no recibiera lo mismo a cambio. Y claramente, decidí escoger la segunda opción. Entonces, acá estoy, escribiéndote textos expresando los más profundos sentimientos de mi corazón hacia vos.


Ahora, sé que nunca tendré el valor suficiente como para leértelo, o siquiera entregártelo. Por lo que a consecuencia, nunca lo leerás


El por qué, o sea las razones, de mis sentimientos no lo sé. Voy a tomarme mi tiempo para poder sacar conclusiones que al menos puedas entender. Porque el amor en mi corazón es algo complicado, supongo que lo es así en todos los corazones. Tal vez en mi mente suene lógico, pero así como a mi me parece lógico, seguramente, haya personas que no sean capaces de entenderlo.

No sé, no puedo sacar conclusiones sobre algo que ni yo entiendo. No sé porque mi corazón vio algo diferente en vos. Creo que con tus locuras encontraste, sin intención alguna, la forma de hacer latir mi corazón de una manera distinta. Creo que a su vez, supiste entenderme,supiste entenderme, en todo momento, con mis delirios y mis defectos. Y aún así siempre me escuchaste, y estuviste cuando necesité compartir mis alegrías como también enojos y tristezas. Creo que supiste también, hacerme reír cuando más lo necesitaba. 

Fuiste la mano que me sacó del pozo, aún así cuando probablemente alguna de esas veces vos eras parte de la razón por la que yo me encontraba allí. 

Quizá llegué a sentir lo que siento porque me demostraste que amor no significa poseer, que no hace falta contacto físico para hacer sentir a alguien querido. Quizá sea porque con esos simples y pequeños gestos, supiste decirme sin siquiera pronunciar palabra alguna, que yo te importaba. Quizá sea porque a pesar de saber todo lo que mi corazón sentía por vos, te mantuviste firme ante nuestra amistad. Quizá se deba a que, desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzaron, mis ojos no hicieron más que perderse en los tuyos. Marrones, brillosos, con una belleza y una infinidad en la que podrías perderte por horas.  Quizá también influyó tus ganas de conocer cosas sobre mí y además hacerme conocer cosas sobre vos. 


Pero quizá, creo que una de las cosas que más influyó en mí. Fue todo lo que aprendí sobre el amor, a partir de que te conocí. Sí, tengo catorce años y dudo que sean conocimientos lo bastante ciertos y determinados. Pero son cosas esenciales de la vida, o por lo menos eso creo ahora. ¿qué me enseñaste? Como dije antes, me enseñaste a amar sin sentir la necesidad de poseer. Me enseñaste a vivir el hoy y no pensar en el mañana. Me enseñaste a valorar cada momento, cada sonrisa, cada palabra, cada mirada. Me enseñaste, que decir lo que uno siente te libera de un peso innecesario. Me enseñaste a tomar valor.

 Me enseñaste algo que perdurará en mí, supongo que por siempre, y es que siempre va a haber alguien que te va a poner obstáculos en el camino. Pero que si queremos llegar a nuestro objetivo, lo último que debemos hacer es darle importancia a ese obstáculo. Porque al fin y al cabo, es un relieve, una montaña de arena, que está ahí para darle subidas y bajadas al camino, pero que con algo tan simple como un viento desaparecerá. Me enseñaste a mantener la frente en alto, en todo momento, a no dejar caer una lágrima frente a esas piedras que tanto se interponen en el camino. Me enseñaste a valorarme a mi misma, a entender que había personas que no se merecían una lágrima, ni siquiera una tristeza, ni un enojo de mi parte.
Me enseñaste a esperar, a no apresurar las cosas, a ser paciente. Me enseñaste que una persona puede ser tu motor para los días en los que lo único que querés hacer es estar alejado de todo ser humano. Me enseñaste a ver desde diferentes puntos de vista, tus puntos de vista. Me enseñaste que a veces no se necesitan razones para estar feliz. Me enseñaste que siempre, después de toda tristeza hay una alegría. Me enseñaste a ser feliz con tan poca cosa. Me enseñaste, en realidad me hiciste vivir en carne propia, que no hace falta un buen físico para caerle bien a alguien, para ser querido por alguien, para ser parte. 


Me enseñaste algo que nunca me voy a olvidar, me enseñaste que estar mal, nervioso, triste, angustiado, melancólico, enojado, o en cualquier estado pesimista no va a arreglar los problemas, que si pasó algo, pasó y el estar mal no arreglará las cosas.


Me enseñaste a aceptar, aceptar que cada quien tiene sus defectos, sus manías y sus problemas. Me aceptaste. Me enseñaste a comprender, aunque me cueste, que a veces las cosas no son como esperamos. Me enseñaste la libertad de poder expresar de alguna forma mis sentimientos. Me enseñaste a encontrarme cuando estaba perdida, como también me enseñaste a perderme cuando lo último que deseaba era encontrarme. Me enseñaste a pensar antes de actuar, porque si hay algo que no quería era arruinarnos a causa de mis actos. Me enseñaste a callarme cuando debía, y a hablar cuando era necesario. Me enseñaste que muchas veces una risa o una charla, te deja mucho más para recordar que un beso. Me enseñaste a apreciar cada minuto en el que estaba con vos. Me enseñaste a no dejarme llevar por los comentarios, a no dejar que unas personas sean capaces de hacer que yo me rinda. Me enseñaste que a veces por más amor que tengas, por sobre todo, tengo que amarme a mi misma, y cada tanto no está mal ejercitar el orgullo. Me enseñaste que, así como yo leo para vivir en otro mundo con otras historias, también podía tener una historia para escribir sobre mi mundo. Me enseñaste a ser fuerte.
Creo que ahí arriba plasmé la mayoría de las razones por las que mi corazón se fijó en vos. Ciertamente, creo que nunca va a haber una razón exacta. Pero si me preguntaras y tuviera que responder, mi respuesta más rápida sería. La forma en la que me hacés reír, esa risa de estúpida que me generás con tan solo tu presencia. La forma en la que me río de todo cuando estoy con vos. Esa risa que se forma a causa de mi infinita felicidad. Esa risa que solo está si estás vos.

Y ésto, ésto es lo que yo pienso que significaría, una justificación de mi amor. De mi perdición y mi locura. Cada parte de mí va a conservar todas éstas enseñanzas, que valoro tanto como El Principito valoraría una puesta de sol, a su rosa y a su cordero.

Por último, hay una enseñanza más que me gustaría agregar. Me enseñaste lo que es el amor incondicional, me enseñaste mil maneras diferentes de amar, y con eso, claramente llego al punto de decir que sí. Me enseñaste a amar. Y te amo, sí, estoy segura de que lo que siento es amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario