¿Que por qué te elegí? Buen... Debo empezar con que lo mio
no fue una elección, yo no lo elegí. Pero lo que pude decidir
fue si bajar los brazos en una primera instancia, o entregarte mi
corazón por más que no recibiera lo mismo a
cambio. Y claramente, decidí escoger la segunda opción.
Entonces, acá estoy, escribiéndote textos expresando los más
profundos sentimientos de mi corazón hacia vos.
Ahora, sé que nunca tendré el valor suficiente como para
leértelo, o siquiera entregártelo. Por lo que a consecuencia, nunca
lo leerás.
El por qué, o sea las razones, de mis sentimientos no lo sé. Voy
a tomarme mi tiempo para poder sacar conclusiones que al menos puedas
entender. Porque el amor en mi corazón es algo complicado,
supongo que lo es así en todos los corazones. Tal vez en mi mente
suene lógico, pero así como a mi me parece lógico, seguramente,
haya personas que no sean capaces de entenderlo.
No sé, no puedo sacar conclusiones sobre algo que ni yo entiendo.
No sé porque mi corazón vio algo diferente en vos.
Creo que con tus locuras encontraste, sin intención alguna, la
forma de hacer latir mi corazón de una manera distinta. Creo que
a su vez, supiste entenderme,supiste entenderme, en todo
momento, con mis delirios y mis defectos. Y aún así siempre
me escuchaste, y estuviste cuando necesité compartir mis alegrías
como también enojos y tristezas. Creo que supiste también,
hacerme reír cuando más lo necesitaba.
Fuiste la mano que me sacó del pozo, aún así cuando
probablemente alguna de esas veces vos eras parte de la razón por la
que yo me encontraba allí.
Quizá llegué a sentir lo que siento porque me demostraste que
amor no significa poseer, que no hace falta contacto físico
para hacer sentir a alguien querido. Quizá sea porque con esos
simples y pequeños gestos, supiste decirme sin siquiera
pronunciar palabra alguna, que yo te importaba. Quizá sea porque
a pesar de saber todo lo que mi corazón sentía por vos, te
mantuviste firme ante nuestra amistad. Quizá se deba a que,
desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzaron, mis
ojos no hicieron más que perderse en los tuyos. Marrones,
brillosos, con una belleza y una infinidad en la que podrías
perderte por horas. Quizá también influyó tus ganas de
conocer cosas sobre mí y además hacerme conocer cosas sobre vos.
Pero quizá, creo que una de las cosas que más influyó en mí.
Fue todo lo que aprendí sobre el amor, a partir de que te conocí.
Sí, tengo catorce años y dudo que sean conocimientos lo bastante
ciertos y determinados. Pero son cosas esenciales de la vida, o por
lo menos eso creo ahora. ¿qué me enseñaste? Como dije antes, me
enseñaste a amar sin sentir la necesidad de poseer. Me
enseñaste a vivir el hoy y no pensar en el mañana. Me
enseñaste a valorar cada momento, cada sonrisa, cada palabra,
cada mirada. Me enseñaste, que decir lo que uno siente te libera
de un peso innecesario. Me enseñaste a tomar valor.
Me enseñaste algo que perdurará en mí, supongo que por
siempre, y es que siempre va a haber alguien que te va a poner
obstáculos en el camino. Pero que si queremos llegar a nuestro
objetivo, lo último que debemos hacer es darle importancia a ese
obstáculo. Porque al fin y al cabo, es un relieve, una montaña
de arena, que está ahí para darle subidas y bajadas al camino, pero
que con algo tan simple como un viento desaparecerá. Me
enseñaste a mantener la frente en alto, en todo momento, a no
dejar caer una lágrima frente a esas piedras que tanto se interponen
en el camino. Me enseñaste a valorarme a mi misma, a entender
que había personas que no se merecían una lágrima, ni siquiera una
tristeza, ni un enojo de mi parte.
Me enseñaste a esperar, a no apresurar las cosas, a ser
paciente. Me enseñaste que una persona puede ser tu motor
para los días en los que lo único que querés hacer es estar
alejado de todo ser humano. Me enseñaste a ver desde diferentes
puntos de vista, tus puntos de vista. Me enseñaste que a veces
no se necesitan razones para estar feliz. Me enseñaste que
siempre, después de toda tristeza hay una alegría. Me
enseñaste a ser feliz con tan poca cosa. Me enseñaste, en
realidad me hiciste vivir en carne propia, que no hace falta un
buen físico para caerle bien a alguien, para ser querido por
alguien, para ser parte.
Me enseñaste algo que nunca me voy a olvidar, me enseñaste que
estar mal, nervioso, triste, angustiado, melancólico, enojado, o en
cualquier estado pesimista no va a arreglar los problemas, que si
pasó algo, pasó y el estar mal no arreglará las cosas.
Me enseñaste a aceptar, aceptar que cada quien tiene sus
defectos, sus manías y sus problemas. Me aceptaste. Me
enseñaste a comprender, aunque me cueste, que a veces las cosas no
son como esperamos. Me enseñaste la libertad de poder expresar de
alguna forma mis sentimientos. Me enseñaste a encontrarme cuando
estaba perdida, como también me enseñaste a perderme cuando lo
último que deseaba era encontrarme. Me enseñaste a pensar antes
de actuar, porque si hay algo que no quería era arruinarnos a
causa de mis actos. Me enseñaste a callarme cuando debía, y
a hablar cuando era necesario. Me enseñaste que muchas veces
una risa o una charla, te deja mucho más para recordar que un
beso. Me enseñaste a apreciar cada minuto en el que estaba con
vos. Me enseñaste a no dejarme llevar por los comentarios, a no
dejar que unas personas sean capaces de hacer que yo me rinda. Me
enseñaste que a veces por más amor que tengas, por sobre todo,
tengo que amarme a mi misma, y cada tanto no
está mal ejercitar el orgullo. Me enseñaste que, así como yo
leo para vivir en otro mundo con otras historias, también podía
tener una historia para escribir sobre mi mundo. Me enseñaste
a ser fuerte.
Creo que ahí arriba plasmé la mayoría
de las razones por las que mi corazón se fijó en vos. Ciertamente,
creo que nunca va a haber una razón exacta. Pero si me
preguntaras y tuviera que responder, mi respuesta más rápida sería.
La forma en la que me hacés reír, esa risa de
estúpida que me generás con tan solo tu presencia. La forma en la
que me río de todo cuando estoy con vos. Esa risa que se forma a
causa de mi infinita felicidad. Esa risa que solo está si estás
vos.
Y ésto, ésto es lo que yo pienso que
significaría, una justificación de mi amor. De mi
perdición y mi locura. Cada parte de mí va a conservar
todas éstas enseñanzas, que valoro tanto como El Principito
valoraría una puesta de sol, a su rosa y a su cordero.
Por último, hay una enseñanza más
que me gustaría agregar. Me enseñaste lo que es el amor
incondicional, me enseñaste mil maneras diferentes de amar, y
con eso, claramente llego al punto de decir que sí. Me enseñaste
a amar. Y te amo, sí, estoy segura de que lo que siento
es amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario