martes, 24 de junio de 2014

Per Filippo IV



Qué ilógico que se vuelve todo, cuando se trata de amor. Es decir, amor, es definido cómo "Un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista". Pero si te pones a pensar, desde tal punto de vista, el amor no tiene un significado determinado. Lo que lo vuelve ciertamente una cosa un poco ilógica.


Yo creo, que el amor y su significado varían según la persona. Amor, según yo, es una ilusión. Una ilusión hermosa. Una ilusión que se basa en saber ver con una mirada diferente a alguien. Que ese alguien te haga sentir bien, con un mínimo gesto. Que te haga reír sin razón alguna. Que se haga especial, que se haga extrañar, que se haga querer. Que no haga falta decir un "te amo" cada dos horas, porque en tu interior te sentís segura de lo que él siente. Que te haga sentir ganas de poseerlo, pero a la vez, poder sentir tanto afecto hacia éste, que a su vez lo único que quieras es su felicidad. Aunque su felicidad no te incluya.

Creo que el amor, es llevar a esa persona en el corazón en todo momento.

Creo, también, que se basa en aceptar a esa persona por más defectos que tenga. Creo, que se basa en remarla, en ser un remador. Porque cuando estás enamorado, por más piedras que tengas en el camino, la única opción que queda. Siempre es patear o esquivar la piedra, porque la piedra por sí sola nunca va a moverse. Creo que el amor es confianza en el otro.



Creo que el amor es persistir.



A lo que iba con mi primer párrafo, sobre que el amor es algo ilógico; es algo que me puse a pensar el otro día.



Hay una persona, la cual es protagonista de todos mis pensamientos, mis sentimientos, mis sonrisas, mis locuras, mis tristezas, como también alegría, y resalto, que es el protagonista de mis escritos.




La semana pasada tuve una "discusión" con ésta persona, a causa de celos. Sí, celos sin ser nada más que amigos. Yo le planteé que sentía celos por cierta persona, y él en ese momento se lo tomó a mal; pero después de un perdón de mi parte pensé que había quedado todo ahí. Pero al día siguiente, caí en la cuenta de que no todo había quedado ahí. Ésta persona, no me habló en todo el día, fue como si fuera invisible a sus ojos, a esa mirada que cuando se dirige hacia mí, una parte de mi corazón muere. Ese mismo día las lágrimas brotaron por sí solas, no tuve la necesidad siquiera de pensar en él, que ya estaban cayendo por mis mejillas. Y lo que más me dolió de esas lágrimas, fue que no eran lágrimas de odio, eran lágrimas de tristeza, de dolor, de angustia. Fue una de esas veces, no tan lindas, en las que lloras, gritas y te quedás sin aire; que no sabés que hacer para parar de llorar.



Me dormí, llorándo. Me desperté a las dos horas, seguí actuando como lo hago siempre. Fui a mis clases de inglés, y luego a danza. Algo quiero destacar sobre la danza. Y es que, así como escribo para descargar mis sentimientos, también bailo para expresarme y desahogarme. Pero algo me sorprendió de ese día. Fue que ni siquiera la danza fue capaz de sacarme esa angustia interna, esa culpa por pensar que todo iba a cambiar, e iba a ser por mí propia culpa.




A consecuencia de todo eso, decidí mandarle un mensaje diciéndole si "mañana podíamos hablar" y acá va la parte ilógica del amor, me respondió con un "bueno nena", lo que me produció una sonrisa que plasmó mi cara. Seguí así hasta el día siguiente, habiendo olvidado mi dolor, mi enojo, mi angustia y mi melancolía. Hablamos, me entendió, me escuchó, y ahí se puede decir que fue el real "quedó todo ahí y bien". Hoy, después de haber dejado pasar un par de días de este suceso, puedo decir, como tal humana que soy; que fue una estupidéz haber juzgado como juzgué la situación. Claro, no me juzgo, fue mi reacción al pensar que tal vez perdía a una persona que amo con cada parte de mi joven corazón.

También, hoy, fue un día muy feliz después de tanto tiempo. Ésta persona volvió a hacer lo que hacía hace semanas conmigo, volvió a molestarme, a reírse conmigo, a hablarme como si nada. Volvió una sonrisa a mi rostro.

Creo y asumo con éste texto, que la famosa frase de "hablar soluciona todo" es absolutamente verdadera, pero que hay que tener coraje para aceptar lo que venga.



Y así encaja la historia de mi protagonista, con lo ilógico del amor, y la persistencia. Mi historia (que incluye a mi protagonista), está llena de obstáculos. Esos mismos obstáculos son los que tengo que afrontar, esquivar, dejar de lado. Eso sumado a que claramente, esos obstáculos muchas veces me derriban, y tengo que levantarme. Cierta e ilógicamente, a veces la mano que me ayuda a levantarme, es éste mismo protagonista, ese que suele ser parte de los obstáculos. Y de ahí, de todo ese camino de piedras, de montañas, de cosas que hacen mi camino complicado, saco la persistencia. La persistencia y los obstáculos van siempre juntos. Eso es lo loco del asunto. Que hay días, semanas, meses, llenos de obstáculos; y a veces ellos mismos son los que te dan el ánimo para seguir adelante, a veces ellos son los que te dicen "tené esperanza, va a mejorar".



A veces ellos son los salvadores, los mismos que te traban, pueden derribarte, o pueden ayudarte a mantener tu firmeza y determinación.



Y para concluir, creo que ellos son los que al fin y al cabo demuestran un amor que va desde lo más profundo del corazón, un amor determinado, un amor firme, un amor verdadero (si es que existe). Un amor que por más montañas que se pongan en el camino, sepa evadirlas.

Un amor de cierta forma, parecido al que yo entrego hacia vos.

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