Hoy escribí que todo estaba siendo pasajero, pero que sin dudas, la noche iba a traer consigo las discusiones de siempre.
Ésta discusión no fue de las simples, y de las que ya habíamos tenido. Ésta discusión abrió puertas, y no de las buenas. Las razones de ésta no quiero darlas, quiero dar las consecuencias. Ésta discusión me llevó a, casi, perder a ésta persona que tanto equilibrio le da a mi vida.
Perder. ¿Qué perdemos? ¿Por qué perdemos? Perdemos tantas cosas, perdemos objetos, perdemos momentos, oportunidades, tiempo, personas. Sí, personas. En mi vida perdí muchas personas, algunas fue por causa mía, otras por sus causas, y otras porque simplemente la vida decidió llevarnos por caminos diferentes. En los tres casos creo que siempre fue el momento indicado.
En ésta ocasión, no lo hubiera sido.
Soy una persona que va siempre a la defensiva, que tira la bomba, y después de ver cómo estalló y las consecuencias que dejó, se para un segundo a mirar todo y piensa "¿qué carajo hice?". Buen, ésta actitud, me llevó a casi perder al equilibrio de mis días.
Cuando caí en la cuenta de cada cosa que podría perder, fue el mismo momento en el que entendí que mi ira no iba a llevar a nada, y me calmé. No quería perder a ésta persona.
Caí en que si perdía a ésta persona, perdía la mitad de mi corazón, más mi vida entera. Y sé que está mal pensar que una persona es la consistencia de mi propia vida. Pero en éste momento, hoy por hoy, que estoy sola, que no tengo su compañía, me doy cuenta de como fue apoderándose poco a poco de cada lugar, momento, sentimiento y pensamiento de mi vida.
Caí en que si perdía a ésta persona, perdía todo lo que me devolvió las sonrisas cotidianas. Perdía el despertarme con un mensaje, perdía esos ojos, esa sonrisa, esos cuatro lunares, esa piel suave y el calor que se desprende de ella. Perdía los abrazos, besos, y caminatas de la mano que tanta fuerza, amor, y paz me transmiten. Perdía la risa angelical, la voz tranquilizante, la respiración tan calma, los latidos más pacíficos. Perdía mis sonrisas, perdía mi felicidad, mis locuras. Perdía tantos momentos, desde los más insignificantes, hasta los más importantes. Perdía personas que hoy por hoy considero mi familia. Perdía el equilibrio, perdía esa mano que desde un principio supo como agarrarme y sacarme adelante. Perdía mi sostén, mi compañero, mi amigo, mi primer amor.
La vida me puso como peor enemiga a la pérdida. Perdí desde las personas más importantes (aunque algunas fueron recuperadas), hasta personas que si bien al fin y al cabo dolió perder, fue llevadero.
Creo que en muchas otras, mi mayor enemiga me ganó por "goleada", pero en ésta, entendió mi dolor por la pérdida de éste ser que tanto me ilumina, y también, que de cierto modo, no era el momento. Y por primera vez, no fui yo la vencida.
Incluso sabiendo que nunca vas a leer éstos párrafos en tu honor, necesito dar las gracias. Gracias por no soltarme, por no dejarme caer una vez más. Gracias por apostar cada ficha por nosotros. Hoy, si se me diera la oportunidad, brindaría en honor a tu fuerza, amor, locura y paciencia. Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario