—Día 4 sin ti:
me abandonaste a las tres en punto.
El reloj lleva cuatro días marcando las tres y cinco. — (Baluarte, Elvira Sastre)
En 8 días termina ésta odisea, sólo ese pensamiento me incentiva a seguir. Eso, y el saber que tras la vuelta, va a volver a ser todo como siempre lo fue, y voy a volver a mis mejores días.
Ayer escribí "día 3 de 12 (parte 1)" sabiendo que iba a haber una parte 2, una parte en la que todo cayera, una parte en la que mi felicidad se desmoronara una vez más. Y sin duda alguna, la hubo. Pero simplemente no tuve fuerzas para escribir, estaba en un estado de pura ira y tristeza, y opte por escribir al día siguiente, con ya una calma habitando en mí.
Después de escribir durante tanto tiempo, llegué a la conclusión, de que no hace falta ser explícito con los detalles de lo ocurrido. Sólo basta con expresar lo sentido. Por lo tanto, voy a hablar un poco de como me sentí. Mucho no puedo expresar, sentí enojo, decepción, asco, tristeza, angustia. Sí, todo excepto algo positivo.
Pero como los tres días previos, todo se arregló tras una conversación a la madrugada, y volvió la paz a mi cuerpo, y mi corazón volvió a latir con la calma de siempre.
Hoy fue un día tranquilo, hoy la tristeza pasó así como que de largo, por encima, pasajera. Aunque debo de admitir, no dejé de pensar en esos ojos que me trasladan a un universo infinito, ni en esa sonrisa que cuenta mil historias tras ser esbozada.
Fue un día tranquilo porque volví a la rutina de siempre, volví a despertarme a las 7 a.m., vi a mis amigos, estudié. Me distraje como no lo hice en los tres días previos a éste cuarto.
Hoy no hablamos hasta hace un rato (6:30 p.m.), no habíamos entablado una conversación desde hoy a las 5 a.m. y yo suponía que éste día sería interminable, que las horas iban a ser eternas, y en conclusión, el tiempo voló como nunca. Tal vez no como cuando estoy junto a ésta persona, ahí sí que el tiempo sabe volar. Pero pasó más rápido de lo esperado.
Todavía no concluyó el cuarto día, recién son las 7:08 p.m. y soy consciente de que me espera una noche de las odiadas, y de las que vengo soportando hace un par de días. Y sé que la calma con la que late mi corazón va a tornarse en ansiedad, y que mis cuerdas vocales, una vez más, se cerrarán por la angustia en la que me veré sumida. Pero al fin y al cabo, es cuestión de esperar. Tan solo esperar.
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