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lunes, 7 de septiembre de 2015

Día 4 de 12

—Día 4 sin ti:
    me abandonaste a las tres en punto.
    El reloj lleva cuatro días marcando las tres y cinco. — (Baluarte, Elvira Sastre)

En 8 días termina ésta odisea, sólo ese pensamiento me incentiva a seguir. Eso, y el saber que tras la vuelta, va a volver a ser todo como siempre lo fue, y voy a volver a mis mejores días.

Ayer escribí "día 3 de 12 (parte 1)" sabiendo que iba a haber una parte 2, una parte en la que todo cayera, una parte en la que mi felicidad se desmoronara una vez más. Y sin duda alguna, la hubo. Pero simplemente no tuve fuerzas para escribir, estaba en un estado de pura ira y tristeza, y opte por escribir al día siguiente, con ya una calma habitando en mí.

Después de escribir durante tanto tiempo, llegué a la conclusión, de que no hace falta ser explícito con los detalles de lo ocurrido. Sólo basta con expresar lo sentido. Por lo tanto, voy a hablar un poco de como me sentí. Mucho no puedo expresar, sentí enojo, decepción, asco, tristeza, angustia. Sí, todo excepto algo positivo.
Pero como los tres días previos, todo se arregló tras una conversación a la madrugada, y volvió la paz a mi cuerpo, y mi corazón volvió a latir con la calma de siempre.

Hoy fue un día tranquilo, hoy la tristeza pasó así como que de largo, por encima, pasajera. Aunque debo de admitir, no dejé de pensar en esos ojos que me trasladan a un universo infinito, ni en esa sonrisa que cuenta mil historias tras ser esbozada.
Fue un día tranquilo porque volví a la rutina de siempre, volví a despertarme a las 7 a.m., vi a mis amigos, estudié. Me distraje como no lo hice en los tres días previos a éste cuarto.
Hoy no hablamos hasta hace un rato (6:30 p.m.), no habíamos entablado una conversación desde hoy a las 5 a.m. y yo suponía que éste día sería interminable, que las horas iban a ser eternas, y en conclusión, el tiempo voló como nunca. Tal vez no como cuando estoy junto a ésta persona, ahí sí que el tiempo sabe volar. Pero pasó más rápido de lo esperado.

Todavía no concluyó el cuarto día, recién son las 7:08 p.m. y soy consciente de que me espera una noche de las odiadas, y de las que vengo soportando hace un par de días. Y sé que la calma con la que late mi corazón va a tornarse en ansiedad, y que mis cuerdas vocales, una vez más, se cerrarán por la angustia en la que me veré sumida. Pero al fin y al cabo, es cuestión de esperar. Tan solo esperar.


domingo, 6 de septiembre de 2015

Día 3 de 12 (parte 1)

— Día 3 sin ti:
no llamas
y todo, las canciones mi cama
la pena mi pecho tu nombre mi nombre con el tuyo
tus fotos mis trozos nuestros restos,
comunica. — (Baluarte, Elvira Sastre)

Día 3 de 12, no dudo en decir que éstos tres días, y los próximos nueve sobrantes, no son más que un grupo de sensaciones y sentimientos fuertísimos, y más que nada, mezclados. Pero vayamos a lo bueno, hoy amanecí, después de la mala pasada de ayer, sumida en una pura felicidad. ¿A qué se debe ésta inmensa felicidad? Pasé hablando horas, sin exagerar, con ésta persona. Incluso ahora estamos hablando.

Creo que volví a subirme a la nube de amor, sí, no hay dudas de que lo hice. Por el momento estoy feliz, y aunque me cueste mucho creerlo, estoy más que feliz porque escuché hablar a ésta persona, y me mostró fotos y lo ví feliz, esbozando una sonrisa de aquellas. y me alegró el corazón. Me contó anécdotas, me dijo lo mucho que me quiere y me extraña. y toda herida causada ayer, se arregló en unas diez, doce palabras. 

Creo que en eso consiste el amor, en soportarse el uno con el otro, en nivelarse. Como propuso un físico hace mucho tiempo, el átomo se forma (según su teoría) por un núcleo de carga positiva, y a su alrededor la carga negativa, generando así una nivelación, una estabilidad. Y así mismo es en el amor, sin las situaciones negativas (aunque duelan en lo profundo del corazón), las positivas pasarían de largo y no serían más que situaciones normales. Hoy por hoy, ahora, a las 11:37 a.m, considero que la mala pasada de ayer, como las demás que tuve durante éstos ocho meses de relación, más las que tendré en un futuro, no son más que la necesidad para hacerme saber lo importante que es lo malo para que exista lo bueno. Y que como muchos dicen:
 Tras la tempestad viene la calma.