Hola, desde hace ocho meses acostumbro a comentar mis días junto a vos. Pero últimamente, no pude hacerlo. Así que opte por escribirlo. Empiezo devuelta.
Hola, hoy es ocho. Mañana cumplimos siete meses juntos, y pasado mañana se cumplen nueve de haberte conocido. Sólo eso me está manteniendo despierta hasta horas tan tardes, el hecho de que, aunque estemos a una distancia incontable, quiero al menos sorprenderte con un mensaje.
A las 6:45 a.m. sonó mi alarma, la cual pospuse hasta las siete, para luego posponerla hasta las siete y cuarto. Me desperté con cinco mensajes tuyos, los cuales incluían cuatro audios y uno de texto. Me sacaron una sonrisa inexplicable. Uno de los audios consistía en que en pleno boliche, estaban pasando Sweet Child O' Mine (una canción de mi banda preferida) y vos me la grabaste y me preguntaste si esa era la canción que a mí me gustaba. Te respondí, y me fui a la escuela.
En la escuela fue más llevadero que otros días, me distraje mucho. Como estamos a fines de trimestre, no hicimos más que cerrar promedios y notas ¡me saqué un 9,50 en la prueba de cívica y un 7,50 en la prueba de geografía! Básicamente, como se cerraron notas, mi mañana consistió en jugar al tutti-frutti con las chicas, y hablar en todo momento sobre cualquier cosa sobre vos, y relacionada con tu vida. Salimos una hora antes, faltó la profesora de biología.
Llegué a mi casa, estaba mi hermana con su novio. Pasamos alrededor de una hora y media hablando de cómo me sentía. Y al rato me invitaron a ir a comer a McDonald's, fuimos, y en el mismo momento que nos sentamos a comer, sonó mi celular. Abrí la ventana de notificaciones y tenía un par de mensajes tuyos. Mi sonrisa era imposible de disimular.
Hablamos por más o menos media hora y no respondiste más, supuse que como habías tenido un día agitado desde temprano, habías ido a dormir un poco. No me molestó, porque cuando llegué a casa, también dormí.
Fui a danza, aprendimos una nueva coreo de Beyoncé, al principio me costó agarrarle la mano. Es muy rápida. Pero ya al final, me salió, dentro de todo, bien.
Volví a casa, empecé a escribir, y me llegaron, otra vez más, los mensajes más alegres y esperados del día. Hablamos un largo rato, te llamé, hablamos dos minutos. Y después fuiste con tus amigos y seguimos hablando por mensaje de texto.
Comí, y es ahora que estoy sentada frente a la computadora escribiéndote sobre mi día (incluso siendo consciente de que no voy a obtener respuesta).
Te amo, hoy y siempre.
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martes, 8 de septiembre de 2015
domingo, 6 de septiembre de 2015
Día 3 de 12 (parte 1)
— Día 3 sin ti:
no llamas
y todo, las canciones mi cama
la pena mi pecho tu nombre mi nombre con el tuyo
tus fotos mis trozos nuestros restos,
comunica. — (Baluarte, Elvira Sastre)
Día 3 de 12, no dudo en decir que éstos tres días, y los próximos nueve sobrantes, no son más que un grupo de sensaciones y sentimientos fuertísimos, y más que nada, mezclados. Pero vayamos a lo bueno, hoy amanecí, después de la mala pasada de ayer, sumida en una pura felicidad. ¿A qué se debe ésta inmensa felicidad? Pasé hablando horas, sin exagerar, con ésta persona. Incluso ahora estamos hablando.
Creo que volví a subirme a la nube de amor, sí, no hay dudas de que lo hice. Por el momento estoy feliz, y aunque me cueste mucho creerlo, estoy más que feliz porque escuché hablar a ésta persona, y me mostró fotos y lo ví feliz, esbozando una sonrisa de aquellas. y me alegró el corazón. Me contó anécdotas, me dijo lo mucho que me quiere y me extraña. y toda herida causada ayer, se arregló en unas diez, doce palabras.
Creo que en eso consiste el amor, en soportarse el uno con el otro, en nivelarse. Como propuso un físico hace mucho tiempo, el átomo se forma (según su teoría) por un núcleo de carga positiva, y a su alrededor la carga negativa, generando así una nivelación, una estabilidad. Y así mismo es en el amor, sin las situaciones negativas (aunque duelan en lo profundo del corazón), las positivas pasarían de largo y no serían más que situaciones normales. Hoy por hoy, ahora, a las 11:37 a.m, considero que la mala pasada de ayer, como las demás que tuve durante éstos ocho meses de relación, más las que tendré en un futuro, no son más que la necesidad para hacerme saber lo importante que es lo malo para que exista lo bueno. Y que como muchos dicen:
Tras la tempestad viene la calma.
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