Considero que el punto final de una relación reside en irse. Cuando uno está plenamente enamorado por más que pelee y se mate con garras y dientes, nunca se va. Porque ama y teme la pérdida.
Cuando uno no esta plenamente enamorado, por el otro lado, se va. No para siempre, pero tiene las fuerzas suficientes para irse.
Hoy me fui por primera vez, siempre volví. Siempre me iba a la parada del colectivo para dejar pasar cinco colectivos a la espera de su vuelta, que muchas veces concluyó en mi vuelta hacia él.
Hoy me fui, discutimos, peleamos, "nos matamos con garras y dientes", le tiré su mitad, rompí cartas, y me fui. Cuando llegué a esa misma parada en la que siempre me sentí presa de su amor, estaba el colectivo que mil veces dejé pasar, levanté la mano y me subí.
Lo curioso es que me sentí tranquila. Sentí paz, por no tener que esperar muriendo de frío su mano que nunca llegaba. Por estar volviendo a mi casa, a mi lugar, a mi paz.
Me sentí tranquila porque quedé libre de su prisión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario