Llegaste un día sin que nadie te pensara, sin que nadie te esperara. Llegaste como lo haría un león, de la nada, inesperado, listo para sorprender. Llegaste y nos dejaste a todos sin aliento. Nadie pensaba que algo tan chiquito podría llegar a significar tanto. La reacción fue diferente en cada uno, pero como yo soy dueña de lo que digo y hago, voy a hablar sobre mí:
Llegaste un veintinueve de julio del dos mil dieciseís. Bah, en realidad ya habías llegado hace tres meses y medio, pero como eras algo tan chiquito nadie te notó. Llegaste en medio de un clima no muy cómodo, mudanzas, arreglos de casa, juventudes y preocupaciones. Pero llegaste, porque como sos un león, arrasaste con todo. Yo estaba pasando por un momento feo, estaba rearmando mi vida después de haberme alejado de algo que me hacía muy mal, y que recién el día en el que escribo, puedo decir que salí casi del todo de eso. Y a eso viene esto que te escribo.
Desde el día que llegaste, o que me enteré que estabas hace tiempo vagando por este mundo, mis días malos se tornaron más felices. Podía estar triste, pero llegabas y veía como ibas creciendo y ocupando más espacio, y mis pensamientos se tornaban en alegrías. Llegaste para sanar mis vacíos y para remendar heridas con mucho amor. El día que te sentí por primera vez, ahí, tan enorme y tan fuerte que me daban ganas de tenerte ya en brazos, supe que ya no iba a estar jamás sola. Que de ese momento en adelante iba a tener una compañía que iba a hacerme más fuerte, más feliz, más madura y más orgullosa.
Aunque todavía no te conozco, soy consciente de que sos y vas a ser mi alegría durante mucho tiempo, y que si decaigo, voy a seguir siempre por vos. Aunque sólo te sentí, se que sos el ser más hermoso y calmo (por ahora) que voy a conocer. Y aunque falte más de cuatro meses para conocerte, cada día te espero con más amor, más paciencia y más satisfacción.
Voy a tratar de ser mi mejor versión, de darte el mayor porcentaje de risas y amor, y deseo que seas feliz siempre. Que sigas manteniendo tu espíritu de arrasar con todo, cada día de tu joven vida.
Nunca pensé que iba a encontrar mi felicidad en una persona tan chiquita, ni mucho menos, que la misma fuera el impulso para hacerme seguir adelante.
Te amo, desde el día 100 hasta siempre.
Para mi sobrino/a León o Monserrat, cuando sea grande.
No hay comentarios:
Publicar un comentario