jueves, 10 de septiembre de 2015

Día 6 de 12

—Día seis sin ti:
   Hoy sólo he llorado escuchando a Andrés
   y leyendo a Ernesto.
   Voy mejorando. — (Baluarte, Elvira Sastre)
Llegamos a la mitad del camino, todavía seguimos en pie, remando por un futuro. Ya comencé a acostumbrarme, y creo que tanto para un futuro cercano, como para un lejano, va a servirme.

Lo extraño, lo extraño cada segundo de las veinticuatro horas del día, pero ya no siento la necesidad de hablar todo el día. Aunque si me habla, dejo todo por leer al menos un mensaje suyo o escuchar su voz, eso no cambió.

Ya estoy confiada, confiada en el sentido de que sé que aunque por ahí no hablemos todo el día, o estemos a 1500 kilómetros de distancia, e incluso salga cada día, sé que sigue presente el amor entre nosotros.

Ayer cumplimos nueve meses de haber comenzado la relación seriamente. Fue raro no pasar ese día junto a ésta persona, al principio me dolió, pero después caí en que esa persona estaba feliz, de viaje, pasando y formando los mejores recuerdos de su vida, y de la nada ese dolor se transformó en una sonrisa.

Repito, comencé a acostumbrarme, a no depender tanto de alguien. Siguen saliéndome las mejores sonrisas cada vez que escucho su voz, veo sus ojos achinados, o su sonrisa; pero simplemente entendí que el amor no está en hablar todo el día (aunque influye), sino que el amor está en cada recuerdo y momento, y que no hace falta hablar todo el día o decirse "te amo" cada media hora, porque si uno lo siente, el otro se da cuenta.

No sé si me expresé bien, lo dudo mucho. Pero mi conclusión de éste sexto día es que de a poco vuelvo a ser dependiente de mi misma.

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