—Dia 2 sin ti:
No salgo de la cama,
aún estás conmigo, tan guapa.
Aunque sea en mis pesadillas. — (Baluarte, Elvira Sastre)
No hay mucho que expresar sobre el día 2. Comenzó a las 7 a.m. cuando recibí un mensaje suyo, cuando estuvimos hablando por menos de veinte minutos haciéndo de mi la chica más feliz de un sábado a la madrugada e incluso cuando volvió a hablarme alrededor del mediodía para mostrarme una foto y avisarme que había llegado al destino.
Luego de esos mensajes, supongo que fue a visitar el lugar o hacer excursiones, por lo tanto, hasta ahora todavía no recibí respuesta alguna de lo que respondí.
Ayer escribí que suponía que éste no era un supuesto fin, porque en 12 días volvería. Pero hoy, el día 2, algo quebró mi corazón y caló viejas heridas, que yo suponía ya curadas. Hoy ésta persona, una vez más, volvió a jugar con mi confianza. Y jugó sobre un tema que ya la había quebrantado hace apenas un mes. Pero no viene al caso el tema. Simplemente, jugó, por cuarta vez contra la confianza.
Creo que la confianza es el escudo de toda relación. Creo que si hay confianza — no hay espada capaz de agujerear ese armamento tan fuerte en que consiste el escudo. Y creo, también, que la confianza debe ser cedida de ambas partes, dado a que si no, no es confianza. Creo que el poder confiar en alguien, es ese algo que te lleva a dar todo, a no bajar los brazos, a apostar cada posesión.
Y por último, creo que cuando se juega una vez con ésta, dos, o tres (la tercera es la vencida), uno puede ser capaz de ceder un poquito más, uno puede esforzarse en adquirir al menos un poco de esa confianza perdida en el juego. Pero creo, siendo yo la victima del cuarto juego contra la confianza, que no hay perdón para una cuarta. Creo que no hay forma de perdonar la tercera ya vencida. Porque bien dijo alguien, cuyo nombre no sé, el que lo hace una vez, lo hace dos veces más.
Y así, con una inmensa pérdida de amor y confianza, concluye parte de mi segundo día.
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