—Día 1 sin ti:
Te hecho tanto de menos, que en mi reloj aún es ayer. — (Baluarte, Elvira Sastre)
Hoy se fue, está bien, no se fue para siempre. Se fue de viaje, un viaje que él considera ser "el de su vida", cosa que no discuto porque yo también tengo un viaje el cual considero "de mi vida". Volviendo, se fue, no indefinidamente, pero se fue. Como no es indefinido, significa que no se fue para no volver, pero tal vez sí. Uno siempre vuelve, todo vuelve (y no por el simple hecho del típico cliché), siempre se vuelve a los lugares donde se fue feliz. Tal vez sí sea un final, pero prefiero pensar que no lo es.
Hoy después de mucho tiempo, me tocó ser a mí la que se quedaba. Y muy consciente soy de que las despedidas no son mi don. Soy una persona fuerte, hasta que me toca una despedida. Creo que no hay cosa peor que ver irse a alguien que amás. Siempre me costó mucho el hecho de pensar que una persona que significa tanto, no va a estar conmigo por tanto tiempo.
Y ¿por qué? ¿por qué nos cuesta tanto dejar ir? ¿por qué nos cuesta tanto ser felices por la felicidad del otro? Siempre trato de absorber esa felicidad que la persona que adoro transmite, pero ésta vez mi ingenuo corazón sobrepasó cada intención de absorberla.
No es que no quiera verlo feliz, ni tampoco que no sea feliz por él. Simplemente es que no puedo con tanto dolor. No puedo soportar el dejar ir. No puedo soportar saber que me voy a quedar, que él va a estar disfrutando al máximo y yo no voy a estar más que ahogada en angustia. Y es algo totalmente egoísta, lo sé.
No puedo soportar saber que sin siquiera ser el fin, se va, y voy a estar sola. Que voy a necesitarlo y no va a estar, que voy a necesitar de sus besos que me llevan al paraíso imaginario, de sus abrazos que me sanan hasta la más profunda herida, de las siestas durmiendo abrazada a esa contextura física que tanta pasión me transmite, de los fines de semana junto a él, de las sonrisas que me saca, de sus ojos achinados que tanto amor de generan, de las charlas hasta tan tarde, de sus palabras que me alegran el corazón, y él no va a estar.
No puedo soportar saber que me acostumbré a ésta persona, que me acostumbré a tenerla día a día en mi vida. A despertarme y saber que un mensaje diciendome "buen día" me va a estar esperando. A ir a dormir con una llamada y un te amo de por medio.
No soporto haberme acostumbrado a su presencia, a verlo cada día de mi vida, a hablar todo el día, a reirme junto a él, a disfrutar de a dos una vida de uno.
Me acostumbré mucho a tener esa mano de la cual agarrarme para salir del pozo cada día. Y me enoja saber que vivo por ésta persona, y que éstos doce días voy a estar más perdida que nunca, por simplemente no tenerlo conmigo.
Me acostumbré, sencillamente eso, me acostumbré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario